El precio de la neutralidad escorada

China ha terminado llamando guerra (zhànshì), no conflicto, a la invasión rusa de Ucrania. Tardó cinco días, le dio muchas vueltas, y al final decidió dejarse de eufemismos. Pero eso no quiere decir que vaya a pararle los pies a Vladímir Putin, por mucho que le desquicie su comportamiento brusco e imprevisible. La noche del 25 de febrero, Pekín se abstuvo en la votación de condena a la ofensiva rusa en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Este miércoles volvió a abstenerse en la Asamblea extraordinaria cuando se votó la resolución no vinculante que deploraba la agresión. Entonces los bombardeos contra civiles en Ucrania ya eran indiscriminados.

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