El bum del pistacho inunda los campos manchegos

A las afueras de Villarrobledo (Albacete) hay una finca sin aparente atractivo que cuenta con un tesoro cada vez más demandado en todo el mundo. En el interior de su nave, Alfonso Morcillo (60 años) muestra orgulloso una fila de inmensos sacos de pistachos alineados con esmero. Cada uno contiene una variedad de este fruto seco: pelados, con cáscara, para repostería, para cosmética. Mientras abre uno de los sacos, Morcillo asegura que cada bolsa pesa cerca de 900 kilos. Acto seguido, con el contenido del saco ya a la vista, el agricultor hunde las manos en la superficie y levanta sobre sus palmas un puñado de pistachos, una cantidad insignificante para el total que acumula en la nave. “Solo esto vale unos cinco euros”, dice. “Echa cuentas”.

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