El martes 5 de abril, un hombre de 32 años asesinó a cuchilladas a una adolescente en el rellano de la escalera del edifico de Oviedo donde vivían, él en el primer piso, ella en el cuarto. La chica se llamaba Erika Yunga, tenía 14 años y volvía del instituto a comer a casa. Llamó al telefonillo y su hermano le abrió. No se la vio viva jamás. El asesino tiene 32 años, se llama Igor Postolache y se había mudado a Oviedo hacía solo 20 días. Nadie lo conocía en ese barrio. El dueño del bar de enfrente del portal de Erika asegura no haberlo visto nunca, no haberse fijado en todo caso. Postolache, de origen moldavo, pasó los últimos 15 años de su vida en la localidad de Trubia, situada a 12 kilómetros de Oviedo, a orillas del Nalón. Allí estudió bachillerato. Pero allí, a pesar de todo, tampoco lo conocían mucho.
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