Chipre ve peligrar su negocio de ejercer como banco ruso del Mediterráneo

Tras despertarse con las sirenas antiaéreas, los habitantes de Kiev corrieron el pasado 24 de febrero a resguardarse de las bombas rusas. Horas después, los dirigentes de la UE se reunían en Bruselas para acordar una respuesta al ataque de Moscú. Mientras, en los despachos de Nicosia y Limassol se diseñaba un plan para intentar salvar RCB, el tercer banco de Chipre. Esta entidad se convertía al final de la jornada, por primera vez desde su fundación en 1995 —entonces bajo el nombre de Russian Comercial Bank― en un banco enteramente chipriota, después de que el accionista mayoritario, el banco estatal ruso VTB, se deshiciese de sus participaciones vendiéndola a sus socios chipriotas. RCB pretendía así librarse de las sanciones que se anunciarían en la madrugada del día siguiente. Desde entonces, un mensaje en griego recibe a los visitantes de la página web del banco: “No a la guerra”.

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