Hay algo más de 1.200 kilómetros de Selidove (región de Donetsk), en el este, a Lviv, en el oeste. Hasta aquí, muy cerca de Polonia, acaba de llegar Alexander. Es una rara avis en un país en el que, mayoritariamente, las mujeres y los niños son los que rompen con su entorno buscando refugio mientras los hombres son los que se quedan. Así es el esquema diseñado por las autoridades de Ucrania para defender al Estado frente a la invasión iniciada por las tropas rusas el 24 de febrero. Pero Alexander, de 40 años, tiene una sola pierna y va en una silla de ruedas que empuja su hija Olena, de 16. Van escasos de equipaje y les acompaña el gato de nombre Biezhik, que significa beis. Él lleva sobre el regazo una caja de zapatos con documentación que considera imprescindible.
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