Móviles, genoma y las puertas de Pekín en Europa

El peso de la mirada de los demás es una suerte de poderoso agente atmosférico que contribuye a modelar la vida de los seres humanos. A veces para bien, inhibiendo conductas indignas bajo el estímulo de evitar la reprobación que conllevan; otras para mal, induciendo a contorsionismos sin sentido por la mera búsqueda de la aprobación ajena. Esto es así desde la noche de los tiempos, pero la era tecnológica en la que vivimos exacerba la cuestión. Conectividad digital, redes sociales y otros desarrollos incrementan la exposición al agente. A la luz del día se halla la exhibición voluntaria ―en busca de atención y protagonismo― con un gran desfile de comentarios o imágenes en foros de distinto pelaje; en la oscuridad ―por vía digital, pero no solo― estamos sometidos a otro tipo de mirada que se infia en nuestra privacidad contra nuestra voluntad. Puede que estemos un poco demasiado pendientes de lo primero, y demasiado poco de lo segundo.

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